27 agosto 2009

"La Norma" y el bollo que nunca me sirvieron

Hay momentos en la vida en los que uno tiene que tomar decisiones decisivas, valga la repugnancia. Hoy he tenido uno de esos momentos. No pisaré más "El Bo**o", usease, cierta cafetería perteneciente a la jurisdicción de cierta gasolinera, cuyo nombre oculto parcialmente para no herir la sensibilidad de la gente propensa a traumatizarse por cualquier chorrada. Yo siempre tan atenta.

¿Que por qué? Fácil (...sencillo y para toda la familia) (lo del paréntesis es el eco de mi conciencia). Porque NO soy afín a su código empresarial. El caso es que esto viene de tiempo atrás, cuando probé allí un extraño batido de pipas de frambuesa... que sí, que para el tránsito intestinal aquello sería la bomba, pero a mis papilas gustativas no les terminó de convencer. Como por más que me quejé, los muchachos ataviados con uniforme de pantalón y camisa negro que se autodenominaban "camareros" no hicieron nada por que aquella cosa fuera, al menos, tragable, a mi se me quedó un resquemor dentro. Y claro, cuando uno acude a un sitio con resquemor, la cosa no puede desembocar en nada bueno.


(Recreación de los hechos. Cualquier parecido con la realidad es imposible. Más que nada porque saqué la foto del guguel)

Después del batido de pipa vino "la soberbia cámarera de la mala leche", que me mandó a callar tajantemente mientras realizaba mi pedido. No me mandaban a callar de esa manera desde parbulito. Mi resquemor iba en aumento.

Luego, diversos sucesos que, por su insignificancia (la palabra extraña de hoy, que no es extraña, pero a mi me lo parece), no merecen ser nombrados. Pero lo de hoy.... lo de hoy desató la furia de la consumidora insatisfecha que llevo dentro.



Me disponía a invitar a mi amiga Mónica a un colacao por su cumpleaños (yuju! si! así se colocan las jovencitas de hoy en día) y quise darle una sorpresa. Una mierda de sorpresa, porque un bollito con una vela en medio no es que sea para tirar voladores, pero vamos... para los medios que tenía a mi alcance en ese momento, aquello era lo mejor que podía ofrecerle. El caso es que me acerqué a la barra, pero el tío que estaba detrás no me dejó ni articular palabra... "LA NORMA dice que no puedes hablar conmigo. Los colacao tienes que pedirlos en la mesa! Las bebidas ahí. Ehh.. no soy yo, es la norma, muñeca" (ok.. lo he exagerado un poco, pero la idea general de lo que dijo es esa).

No contento con eso, decidió gritar a los cuatro vientos que si alguien sabía donde había velas (eso después de que me dejó explicarle por qué me estaba saltando "LA NORMA", claro). Genial, ¿por qué no sacas el megáfono, amigo, y acabamos antes? Mi sorpresa a la mierda. Como consecuencia, además de la decepción, mirada penetrante + respuesta en tono irónico: "claro, grítalo, que no pasa nada hombre, pa eso son las sorpresas"

Lo que pasó después ya no importa. No hubo sorpresa ni bollo. Colacao aguado si. Ahora me da pena. En realidad, en este momento me doy cuenta de que quizás no es para tanto. A veces mi fiera interior sale sin motivo alguno. Pero es que si uno no es afín al código empresarial, no hay nada que hacer. Es que es un territorio sin ley, allí las cosas no son lo que parecen. En fin, es duro, pero la decisión está tomada. Si alguien sabe donde puedo tomarme los colacaos de madrugada, que contacte conmigo con la mayor brevedad posible.
Si se enteran de si han cambiado "LA NORMA" y funcionan como una empresa normal, en la que la gente puede pedir cosas en la barra, hablar libremente y pedir batidos de frambuesa sin miedo a morir de una indigestión, por favor, también contacten conmigo. Gracias.

3 comentarios:

Mike dijo...

dios que mal estas xD

principito dijo...

Jajaja es posible q aún pasen estás cosas? Parece una película de Tarantino...

Besitos.

* Raquel * dijo...

Principito... poco me faltó para empezar a cortar cabezas cual rubia enfundada en kimono amarillo enfurecida xD