20 agosto 2009

La furgoneta negra, desagües y otras cosas absurdas.

Me encanta hablar de cosas absurdas, y casualmente mi infancia fue bastante prolifera en cuanto a absurdeces se refiere. Absurdeces...Parece inventada. En realidad no sé si existe. El DRAE no quiso aclararmelo.
Estoy segura de que alguna vez has tenido la típica conversación "cuando yo era pequeño creía que...". Pues bien, yo creía muchas estupideces.
Por ejemplo, por alguna razón creía que si buceabas hasta lo más profundo del océano podrías encontrar el tapón que evitaba que el agua del mar se fuera por el desagüe (vete tú a saber qué desagüe).


Los tapones estos debían ejercer sobre mi una atracción especial, porque también solía creer que si nadabas encima de uno en una piscina, podía succionarte brutalmente y hacer que te ahogaras. Como todo el mundo sabe, los desagües son malvados y retorcidos por naturaleza. En realidad no los culpo, lo entiendo. Si yo tuviera que tragarme el vello púbico de todo dios, tampoco tendría muy buen humor.


Culpa de otra de mis creencias disparatadas la tiene el viejo de "erase una vez el cuerpo humano" y sus lacayos. Claro, tu te ves a un tipo paseandose por un cuerpo tranquilamente (en aquel tiempo me parecía la cosa más realista del universo)... ¿Qué vas a pensar que pasa con la comida? Aqui viene lo absurdo. Me imaginaba la comida entera, conservando intacta su forma, paseandose cual machango de los dibujos por cada rincón de mi anatomía dejando una bolsita con "alimento". Debía recomponerse mágicamente tras haberla másticado. El funcionamiento de mi mente siempre ha sido un misterio.

Un clásico en las creencias infantiles: los muñecos que cobran vida cuando no miras. Solía dejar a mis barbies un rato a solas, para que hablaran de sus cosas y tal. ¡Cuánto daño hizo Toy Story!

Una cosa si tengo clara. Si hay algo en lo que no crei nunca es en el hombre del saco. Niña si, pero tonta no. En mi época los miedos estaban a otro nivel. Preguntale a cualquiera de mi edad (y de mi pueblo) por la furgoneta negra. Eso si que era acojonante. Circulaba por mi colegio la leyenda de una furgoneta que se llevaba a los niños y no los devolvía... tráfico de órganos. Escalofriante.
El toque de realismo se lo dieron diciendo que antena 3 lo había sacado por las noticias. Como para no creerselo, con lo amarillistas que son.



Desgraciadamente, en los reyes dejé de creer muy pronto, con 6 años o así. Y fue bruscamente, además. Los macarras mayores del colegio se acercaron a mi corriendo y me soltaron a voz en grito: ¡¡LOS REYES SON LOS PADRES!! Ni tiempo de reaccionar me dio. El mal ya estaba hecho. A partir de ese momento me tocó hacerles creer a mis padres que seguía creyendo. Pobres, no quería que ellos se enteraran de que eran mis abuelos los que les dejaban los regalos.
Después esa mala experiencia con el prójimo me di cuenta que todos llevamos dentro algo de alma de desagüe. Por lo malvado digo. Y lo siento por ti, Rousseau, sé que no estás de acuerdo en esto conmigo.

2 comentarios:

Belén San Nicolás dijo...

Desde pequeñas abuela nos ha contado muchos cuentos, entre ellos "el del hombre del saco", a mí si que me daba miedo, pero con el paso de los años,una se da cuenta de que esa historia terrorífica para un niño tenía un mensaje educativo, "no te fies de los extraños" y la verdad dadas las circunstancias es algo que hay que enseñar a los niños, ya que hoy en día se oyen muchas noticias de desapariciones de niños o de intentos de secuestros, que triste.

* Raquel * dijo...

nah... el hombre del saco ahora lo que da es pena. Será un pobre indigente que come en comedores sociales, porque hasta para el está jodido encontrar trabajo. Desde que llegaron las mafias organizadas los secuestros ya no son lo que eran. Como ha cambiado España...