¿Tienes en mente un proyecto audiovisual ambicioso y no sabes por dónde empezar?, ¿has compuesto una canción de estribillos pegadizos y base musical de organillo electrónico y no consigues promocionarla de la manera que sólo ese tema se merece?, ¿quieres grabar un videoclip de orquesta verbenera y te preguntas cómo hacerlo?...
No sufras. Efectivamente, lo que tú necesitas es un buen videoclip, y has dado con el sitio correcto para conseguirlo. Atento. A continuación te revelo algunos de los secretos mejor guardados del sector orquestil.
1. Los componentes del grupo:
Necesitarás de tres a diez hombres de mediana edad, todos ellos sonrientes, con un gran sentido del ritmo y dotes para el baile. Este último detalle es de suma importancia. No olvides que un videoclip de orquesta sin una coreografía bien sincronizada es una birria.
2. El escenario:
El mar de fondo es una apuesta segura. No te la juegues. Por algo tres de cada cuatro videoclips de orquestas se graban en playas.
Cuando la canción alcance el clímax, recomiendo introducir algún que otro plano de la banda en directo, con el público totalmente entregado. Los pelos de punta.
3. Otros aspectos a tener en cuenta:
El vestuario puede marcar la diferencia entre una orquesta de primera línea y otra destinada al fracaso. No escatimes en gastos, todo sea por el éxito. Compra camisetas del mismo color, y si fuera necesario, estámpales el nombre de tu grupo. Tómalo como un consejo de amiga.
30 abril 2010
25 abril 2010
Buscando en el baúl de los recuerdos...
(Para ver en grande, haz click en la foto)
El resto de la sesión está en mi Flickr. Sí, también tengo un Flickr. Estoy hecha una moderna, lo sé :)
(Y ya que estamos en plan retro, os dejo mi lista de Spotify favorita... Soul y eso )
24 abril 2010
Te he escrito un poema.
Quiero besarte
Pero no lo leas así, joder. Le quitas toda la emoción al verso. Lee entre líneas. Haz un esfuerzo. Ponte en situación. Imagina que estoy frente a ti. Que estoy cerca. A cuatro, a tres, a dos centímetros de ti, mirándote a los ojos. Que de fondo suena Billie Holiday (...if that isn’t love it would have to do, until the real thing comes along...), que mis manos suben despacio, muy despacio, por tu espalda, por tu cuello, y se quedan en tu nuca. Que sólo estamos tú y yo. Que te atraigo hacia mí y pasamos a medir las distancias en milímetros. A estas alturas ya deberías sentir mi respiración, ya deberías escuchar cómo te digo al oído...
Quiero besarte
23 abril 2010
22 abril 2010
La canción del Mercadona es un himno diabólico.
Si no es así, no me explico esto.
Vamos. Piénsalo. Tiene sentido. ¿Cómo puede fascinar tanto una canción de dos palabras, y encima, repetidas?
Vamos. Piénsalo. Tiene sentido. ¿Cómo puede fascinar tanto una canción de dos palabras, y encima, repetidas?
Perdona que tardara tanto. Es que me entretuve leyendo las paredes.
"Viaja!! Al final sólo nos quedan los recuerdos. Los buenos momentos..."
Esto en el baño de un bar.
Si es que no puedo salir de casa sin la cámara de fotos.
Si alguien iba a preguntar por el baño de hombres, he de decir que por lo que pude ver, seguían la misma línea (... eso sí, en vez de fotos idílicas, habían mujeres en tanga).
20 abril 2010
Maldita sea.
Quiero acurrucarme en el sofá con mi manta a rayas y taparme hasta las orejas. En una mano, una cuchara con helado de vainilla en plan americano y en la otra el mando que-es-mío-y-solo-mío. Quiero enredar mis piernas en los muslos de alguien, lanzar miradas furtivas, devolver sonrisas. Pero el mando es mío-y-solo-mío-que-te-quede-claro.
Quiero que sus dedos empiecen a divagar por mi pelo, que recorte centímetros hasta llegar al rincón en el que me escondo -adiós Buenafuente, adiós helado de vainilla, adiós manta-. Quiero besos. Miles. Nariz. Mejilla. Comisura. Y punto débil. Que me esbocen con caricias de esas casi, pero solo casi, imperceptibles. Que me digan cursiladas de esas que a veces se te escapan muy bajito de entre los labios, que casi, pero solo casi, se dicen sin querer. Que me hagan pensar que ya no puedo hacer nada, que he caído como una imbécil...
(...creo que hoy al volver a casa la ternura me estaba esperando para atacarme por sorpresa. Maldita sea).
Quiero que sus dedos empiecen a divagar por mi pelo, que recorte centímetros hasta llegar al rincón en el que me escondo -adiós Buenafuente, adiós helado de vainilla, adiós manta-. Quiero besos. Miles. Nariz. Mejilla. Comisura. Y punto débil. Que me esbocen con caricias de esas casi, pero solo casi, imperceptibles. Que me digan cursiladas de esas que a veces se te escapan muy bajito de entre los labios, que casi, pero solo casi, se dicen sin querer. Que me hagan pensar que ya no puedo hacer nada, que he caído como una imbécil...
(...creo que hoy al volver a casa la ternura me estaba esperando para atacarme por sorpresa. Maldita sea).
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