07 octubre 2009

Mi pena oculta, según Freud.

Hace unos días tuve un sueño. Uno de estos sueños que justo al levantarte recuerdas con claridad, y a medida que va pasando el tiempo se va haciendo cada vez más borroso.

Ya casi no recuerdo los detalles... Solo sé que yo era la protagonista y tarareaba una canción muy alegre. Estaba contenta. Feliz.

Entonces pensé:
"Ey...!! Voy a buscar el significado de ese sueño, hace tiempo vi un diccionario por internet"



Ni feliz ni leches. Según Freud lo que yo tengo es una pena oculta. ¡¡UNA PENA OCULTA!! y yo sin enterarme... Hay que ver cuantas cosas me oculta este subconsciente mio.

Dice así:

[Psicoanlálisis gentileza de http://rie.cl/?ps=853]



Significado de soñar con cantar.

Buenas noticias de alguien que está lejos y la compañía de amigos alegres.

- Los sueños en que cantamos revelan la existencia de alguna pena secreta que, incluso ensueños, nos impulsa a cantar aires tiernos y nostálgicos o al canción más adecuada a nuestra pena.

- Por el contrario, oír cantar en sueños anuncia felicidad, a menos que a quien canta se le escape un gallo, en cuyo caso podemos decir que en el aire se perciben motivos de discordia.

- Oír una canción alegre: buenas noticias.

- Una canción triste: noticias desagradables.

- Si usted canta: desavenencias.

- Si cantan varios: alegría de la amistad.

- Cantante desentonado: algunas intenciones de quienes lo rodean serán desfavorables para su reputación. Algunos rumores desagradables lo pondrán en una situación embarazosa.



Pues eso, desavenencias y penas ocultas. Me niego Sigismundo Freud.

Contra eso, mi lista de música feliz de Spotify. Aquí os la dejo. Feliz Miércoles!

Felicidad :D ^^!


06 octubre 2009

El señor Cacho Moreno

Martes.
Como cada día, antes de subir la escalera, compruebo el correo [es que espero una carta importante]
Apunto con la diminuta llave a la cerradura del buzón, porque a través del hueco veo un sobre blanco.
Error. No dice Raquel por ningún lado.
Sin embargo hay algo ahí escrito que me inquieta. Los dos apellidos que van detrás de un nombre que no voy a decir para mantener el anónimato de esta persona de apellidos poco agraciados.
Cacho Moreno.


Situaciones que se me ocurren mientras me voy asfixiando hasta llegar a mi puerta:

En clase:

- ¿"Roberto" Cacho Moreno?
[Risas]
- Presente...

En la consulta del médico.
- Señor Cacho Moreno, pase por favor.
[Risas]
- Voy...


No me dio tiempo de imaginar más situaciones, ya había superado los 33454 peldaños de escalera. Pero sí que me imaginé a Cacho Moreno...

Era un señor bajito, con una piel tan blanca que casi se podía adivinar su aparato circulatorio sin dificultad. El señor Cacho Moreno no era moreno. Era pelirrojo, con muchas pecas y a decir verdad, poco agraciado. Sus dientes se habían apiñado de una forma extraña en la parte delantera de la boca y sus labios eran extremadamente finos. Justo debajo de su nariz se escondía un lunar tan grande que casí podría ser clasificado como verruga.
El pobre señor Cacho Moreno era muy buena persona, un tío resignado y tranquilo, pero no era un cacho de moreno... ya lo creo que no.

Pssst... ¿estás despierto?

Jamás nos casamos. Decías que no teníamos que hacerlo solo porque era lo que teníamos que hacer. Yo decía que mataba la pasión y lo hacía todo monótono y aburrido.
Tuviéramos razón o no, nunca lo hicimos y tampoco lo eché en falta. Lo cierto es que nos funcionó, porque he pasado contigo más tiempo del que jamás pasé con nadie en mi vida.

La habitación está completamente a oscuras pero sé que aun estás despierto. Rompo el silencio con un susurro...

- ¿Te das cuenta de que no hay nada que pueda decirte que no te haya dicho antes?
- ¿Te refieres a lo de que baje la tapa del water después de usarlo, y a que no apriete la pasta de dientes por el medio, no?
- No seas idiota. Hablo en serio. Ya no soy capaz de sorprenderte.

Suspiras, o más bien resoplas. Te incorporas y buscas a tientas el interruptor. Enciendes la luz de la mesilla y te veo, igual, pero distinto. Tus ojos ahora son más opacos y los años han pasado por tu piel dejando alguna arruga que otra, lo mismo que me dejaron a mi.

-... tú nunca dejarás de sorprenderme. Tu entusiasmo, tu alegría, la pasión que pones en todo lo que haces, ....jamás lo vi en otra persona. Por eso enamoraste a un tio tan guapo e inteligente como yo -sonrio, siempre me terminas haciendo sonreir- Ahora vamos a dormir, venga... Mañana será un día largo.

Y apagas la luz, te acuestas, me abrazas y duermo tranquila... porque no eres un príncipe azul. Eres precisamente lo que yo quería encontrar.



  • Cualquier parecido con la realidad sería maravilloso. Pero es todo inventado. Producto de mi imaginación nocturna. En estas cosas piensa una antes de dormir...

04 octubre 2009

Mucho bueno caracolos

...por alguna razón esa fue una de las frases que rondaba mi cabeza esta mañana. Inmediatamente después recordé el anuncio y mi amigo el Youtube hizo el resto. He aquí un mítico anuncio de los 90.


02 octubre 2009

El olor...

Nietszche decía que el olfato era el único de los sentidos en el que se podía confiar. No es que yo sea una intelectual, eso es lo poco que recuerdo de las clases de filosofía de 2º de Bachillerato de las 8 de la mañana.
Ni la vista, ni el oido, ni el tacto, tampoco el gusto... todos nos engañan. Sólo el olfato es fiable. Lejos de entenderlo, este pensamiento me ha provocado algún que otro espasmo cerebral mientras me duchaba [¿por qué siempre mientras me ducho me invaden pensamientos absurdos?]

Inmediatamente después comencé a recordar olores.




Olores de mi infancia...

...la plastelina
... la tierra mojada
... el plástico blandito de las muñecas
... las acuarelas que embadurnaban mi cuerpo.
... el olor de los potingues que hacía cuando jugaba a ser perfumista.





Olores de rutina...

...libros
...mi perfume
...mi comida
...las palmas de gran canaria
...la avenida marítima de las palmas de gran canaria
...el barco que cojo casi todos los fines de semana




Olores de nostalgia...

... el olor de mi casa
... el olor de mi madre cuando no lleva perfume. Que aunque no lo lleve, parece que si.
... el olor a mar.
... el olor a nubes de caramelo.
... el olor a fuegos artificiales y petardos de las fiestas.
... el olor de la ropa recién tendida.
... el olor de cierto perfume de hombre que me vuelve loca.




Que extraño... recordar olores. Después de este post he estado en tantos sitios a la vez....

01 octubre 2009

Facturas, ofertas y menús

Pocas cosas me emocionan tanto en esta vida como dirigirme un jueves a mediodía hacia mi buzón, antes de subir dos eternos y mortales tramos de escalera hasta mi casa, y ser atacada por una avalancha de propaganda al abrir la pequeña puertecita.

Maravilloso.

Aun tengo algún que otro menú del telepizza pegado a mi cuerpo.

Y yo me pregunto una cosa... ¡¡¿Es que ya nadie escribe cartas?!!

Telefónica y Unelco no cuentan. Tampoco las cartas a los reyes magos.
Que si, que ya sé todo el rollo de la modernidad, que existen los "e-mails" , que aparte de ser la mar de cómodos, son 2349 veces más rápidos.
Pero... con lo emocionante que era abrir el buzón y ver un sobre con letra escrita a mano y un sello... Después abrirla, leerla, releerla, responderla, echarla en el buzón.
No lo hice muchas veces, claro. Yo nací con un pentium debajo del brazo, pero aun así soy consciente de que era casi un ritual.
Esto de la modernidad nos está haciendo alejarnos de la magia a pasos agigantados.
Lo mismo pasa con las llamadas. Enseguida tiramos del móvil. Fácil, rápido, instantáneo. Como todo lo de ahora. Yo soy casi de la generación del euro, pero aun recuerdo las colas en las cabinas de teléfono y las agradables tertulias que se formaban alrededor...
[niñaaaa.... acabamos ya o que???, no tengo toda la tarde!!!]
Ahora casi nadie las utiliza, nisiquiera para incordiar a las señoritas del 1003, cosa que yo hice mucho, por cierto.
Una vez llamé durante las fiestas de mi pueblo, mientras echaban los voladores, diciendo que estabamos en medio de un bombardeo y que necesitabamos patrullas militares... Pff, cosas de niñas, lo normal, vamos.
Ah, otra vez llamé para pedir el teléfono de Alejandro Sanz. Después le dije que si no lo tenía que no se preocupara, que con el de Nick Carter me valía. La señorita, muy amable, me dijo que como siguiera molestando rastrearía la llamada y mandaría a la policía al lugar en cuestión. Qué sensible la mujer. Sólo le pedía un número de teléfono. Los del 11811 de ahora no se pondrían con tantos remilgos.

En fin... qué buenos momentos que ya no van a volver. Una pena. Bienvenidos a la era del sms.

28 septiembre 2009

¿Qué quieres ser de mayor?

Jamás he tenido claro qué responder a esa pregunta. En mi más tierna infancia (con 4 años o así) soñaba con ser peluquera.
De hecho, las prácticas sí que las hice. Estando en la guardería le corté la enorme y dorada cabellera a mi mayor enemiga, a la altura de las orejas y con un desfilamiento tan desigual que casi podría parecer artístico. Sobra decir que luchábamos por el amor del mismo niño, el más guapo de la clase, por supuesto y claro... en el amor y en la guerra todo vale. Aun recuerdo como la conduje hasta mis tijeras escolares de color amarillo ("Sientate aquí, anda... ayer fui a la pelu y vi un corte genial... Te lo voy a hacer. Ya verás cuando Oscar te vea ^^!). Joder, que malvada soy.

La madre por poco me arranca la cabeza cuando vio en lo que había covertido a la pija de su hija, no tanto por el corte, sino porque encima la niña estaba totalmente convencida de que con aquel corte hombril estaba la mar de mona. Debo tener un gran poder persuasivo, porque años después, estando ya creciditas, me la encontré y aun llevaba el pelo tal y como yo se lo había dejado. Totalmente verídico.

Habría tenido éxito en esto de rapar cabezas si no fuera porque poco después descubrí mi verdadera vocación: la arqueología.

Sé que no es la típica profesión que todo niño desea ejercer, pero a mi me parecía maravillosa. Me veía a mi misma en importantes excavaciones, vestida de beige (porque todo el mundo sabe que los arqueólogos visten de beige) y con una cantimplora atada en el cinturón, bajo los intensos calores de los lugares más recónditos del planeta, descubriendo tesoros ocultos, civilizaciones perdidas... Pero claro, las cosas como son. No sabría distinguir un fémur entre 50 palillos de dientes. La arqueología, descartada.

Después de eso, como dije antes, no he vuelto a saber qué responder a la pregunta del millón. Unos días quiero ser traductora; otros, trabajar en la redacción de algún programa de televisión; otros, intérprete; otros, profesora de inglés; otros, dedicarme de lleno a intentar ganar la lotería...

Bueno, al menos sí que sé lo que no quiero. No quiero precisamente lo que todo el mundo desea. Una rutina. Estabilidad. Parsimonia. El mismo día, una y otra vez, todos los días de tu vida, exceptuando, claro está, los domingos y fiestas de guardar, que entonces se hace algo especial... como ver cine de barrio detrás de un cuenco de palomitas tamaño familiar.
No gracias. Quiero movimiento, aventura, un pelín de incertidumbre y otro poco de locura. Aunque quizá con 10 años más diría algo totalmente diferente...


  • Nota: Debe ser mi día de suerte, porque hoy llegaba tarde, tardísimo (otra vez) y cuando, entre violentas inhalaciones y exhalaciones provocadas por 2 minutos de trote con 34 kg extra por cargar el portátil conseguí subir las escaleras de la facultad, me dan la noticia de que la clase se había inundado por completo. Si, un motivo super cotidiano. Que tu clase se llene de fango y agua hasta los topes. Ni deseandolo con todas mis fuerzas... :D Feliz lunes!!