De los chinos se podrían escribir auténticas enciclopedias. Y no me refiero únicamente a esas personas con eterna mirada sospechosa (¬¬), sino a "los chinos", término también utilizado para esos locales que, independientemente de su tamaño, pueden albergar en su interior millones billones de objetos de utilidad cuestionable. No me digan que no es inquietante. Un sitio en el que puedes encontrar desde palos para las cortinas hasta cuadros de mujeres desnudas merece ser estudiado en profundidad.
- Desambigüación: para evitar posibles confusiones pondré entre paréntesis cuando me refiero a "chino" de local estrambótico y a "chino" de persona con ojitos pequeños.
Ya había mencionado algo de esto al final del post de la teletienda. Hace unas semanas me fijé en que habían abierto un chino (local) nuevo... "Prosperidad Abundante". Ya sólo el nombre me llamó la atención. Será por mi condición de estudiante de traducción (uy! un pareado!), pero es que un nombre así solo lo puede poner un chino (persona) haciendo una traducción literal como un castillo.
Entré a curiosear, pisando con mucho cuidado para no partirme la crisma con el encerado del suelo. Y la verdad es que no me quedé contenta con mi primera inspección en busca de "el objeto más absurdo del mundo", a pesar de que las estanterías estaban colmadas de cosas desde el suelo hasta el último centímetro del techo. Será porque fui sola y dos ojos ven menos que cuatro. Por eso volví antes de ayer con una amiga... y vaya si encontramos objetos desconcertantes. Tuve incluso que sacar la cámara del móvil para que el resto del mundo supiera qué cosas esconden estos chinos (local, persona).

Ideal para hacer dieta. Solo con verla ya a uno se le quita el apetito. Comprando la vajilla completa, en menos de dos semanas estás como la "becam".
- La increíble pito-caracola

Un complemento que no puede faltar en cualquier look sofisticado que se precie. Además tiene un práctico pito en su extremo que te mantendrá a salvo de golfos y malechores.

Y estas cartas, por supuesto, se encontraban en la sección infantil, al lado de los parchís y las "barbies poligonera" (iban pintadas como puertas, pelo anaranjado fosforescente y mallas floreadas. No me fijé bien, pero seguro que tenían un tatuaje de serie diciendo "I love Jonathan").
La curiosidad mató al gato, y en el caso de mi amiga y mio, la curiosidad nos marcó de por vida. Porque a nosotras no se nos ocurre otra cosa mejor que quitar el infranqueable precinto chino de seguridad (una cinta adhesiva) para ver que había en el interior de esas misteriosas cartas y... Horror! Ni las emisiones nocturnas televisivas, paralelas a la teletienda (ya saben a qué me refiero, pillines), superan aquello que vi. No quiero ni describirlo.
- Un magnífico rascador de espalda

Quién no ha pensado en algún momento de su vida:
- Eh, ojalá inventen algo para cuando me pica la espalda justo en ese sitio en el que, por mucho que retuerza mi brazo, no consigo rascarme
Pues ya está. Nuestras plegarias han sido escuchadas.
- Ehmm... el objeto con calaveras

Ideal para pisar papeles de oficina, servilletas sucias o calcetines sudados. ¡Sustituya a esa gitana del televisor! El tacón infernal dará a su salón el toque sofisticado que usted necesita.
He aquí la prueba de que una persona no puede morirse sin haber visitado a un chino (persona, local). Hay que ver la cantidad de cosas que me estaba perdiendo... Una cosa si tiene que quedar clara. Todo esto lo escribo desde el cariño. A los chinos hay que tenerlos a bien.
Como le cojan manía a uno, lo pueden dejar desnudo, descalzado, sin palos de cortinas, sin cuchillos, sin pegatinas de pokemon, sin alfombrillas para la ducha, sin tupperwares, sin arroz tres delicias y sin salsa agridulce. ¡¡Qué mundo más horrible!! ¿Se dan cuenta? Nos tienen en sus manos...